
El jaguar, yaguar o yaguareté (Panthera onca) del género Panthera es la única de las cuatro especies actuales de este género que se encuentra en América. También es el mayor felino de América y el tercero del mundo, después del tigre (Panthera tigris) y el león (Panthera leo). Panthera onca peruvianaes, es el nombre científico que ha recibido el jaguar en Ecuador, Perú y Bolivia.
Si bien prefiere las selvas densas y húmedas, puede acomodarse a una gran variedad de terrenos boscosos o abiertos. Está estrechamente asociado a la presencia de agua y le gusta nadar. 
Nombres comunes y etimología
En sus zonas nativas recibe diferentes denominaciones como jaguar, yaguar, yaguareté, otorongo, jaguareté, tigre o tigre americano. Los mexicas lo llamaban en náhuatl ocelotl, aunque también utilizaban este nombre para el ocelote (Leopardus pardalis). En maya se le llama balam, en mapuche se le dice nahuel, y en quechua uturuncu, uturunku o unqa. Jaguar, yaguar y yaguareté provienen del guaraní yaguar, jaguar, y eté, verdadero.
Descripción
Es animal robusto y musculoso que presenta variaciones significativas en cuanto al tamaño. Su peso oscila normalmente entre 56 y 96 kilogramos, aunque hay registros de machos más grandes, de hasta 158 kg (aproximadamente como una tigresa o una leona), y por el contrario los más pequeños pueden tener un peso
tan bajo como 36 kg. Las hembras suelen ser un 10-20% más pequeñas que los machos. La longitud de este félido varía entre 162 y 183 cm y la cola puede añadir unos 75 cm más. Su altura hasta los hombros es de unos 67-76 cm. Su cabeza es voluminosa y con una mandíbula prominente; el color de sus ojos varía de un tono amarillo oro a un amarillo verdoso y sus orejas son relativamente pequeñas y redondeadas.
Se han observado variaciones en su tamaño en diferentes regiones y hábitats, mostrando un incremento de tamaño cuanto más al sur se localicen. Los jaguares de bosque a menudo son más oscuros y más pequeños que los que viven en áreas abiertas.
La estructura corta y robusta de sus miembros hace que sea muy hábil a la hora de escalar, arrastrarse y nadar. La base de su pelaje suele ser de un color entre amarillo pálido y castaño rojizo. La piel está cubierta de unas manchas en forma de rosa para camuflarse en su hábitat selvático. Las manchas pueden variar en la piel de un mismo animal y entre diferentes jaguares: las rosetas pueden incluir una o más manchas y la forma de las manchas varía. Las de la cabeza y el cuello son generalmente sólidas, igual que las de la cola, donde se pueden unir para formar una banda. La región ventral, el cuello y la superficie exterior de las patas y los flancos inferiores son blancos.
Reproducción y ciclo vital.
Las hembras alcanzan la madurez sexual aproximadamente entre los 12 y 24 meses de edad y los machos entre los 24 y 36 meses. Paren habitualmente 2 crías, aunque el número puede oscilar entre una y cuatro. La madre no tolera la presencia de machos después del nacimiento de las crías. Los cachorros nacen ciegos e indefensos y dependen por completo de su madre; empiezan a ver después de dos semanas. Son destetados a la edad de tres meses, pero permanecen en la madriguera donde han nacido hasta los cinco o seis meses, momento en el que empiezan a salir para acompañar a la madre cuando va de caza. Permanecen en compañía de ella durante uno o dos años antes de abandonarla para establecer su propio territorio. Los machos jóvenes son inicialmente nómadas, enfrentándose con los más viejos hasta que consiguen hacerse de un territorio. Se estima que su longevidad típica en libertad es de unos 11-12 años.
Comportamiento
Es un animal solitario (exceptuando el conjunto madre-cachorros). Por lo general los adultos sólo se encuentran para el cortejo y el apareamiento y suelen establecer un amplio territorio y defenderlo. En el caso de las hembras estos territorios, que miden entre 25 y 40 km2, pueden superponerse aunque los animales suelen evitarse entre ellos. Los de los machos cubren aproximadamente el doble de superficie, con una extensión que varía según la disponibilidad de presas y espacio, y no se superponen. Utilizan vocalizaciones, arañazos en los árboles, orina y heces para marcar su territorio.
El jaguar es capaz de rugir. El macho ruge más fuerte, y lo hace para advertir y disuadir a posibles competidores por el territorio y las hembras. Su rugido a menudo se asemeja a una tos repetitiva, también pueden vocalizar maullidos y gruñidos. A menudo se le describe como un animal nocturno, pero es más crepuscular (su mayor actividad se desarrolla al amanecer y a la puesta del sol). Ambos sexos cazan, pero los machos se desplazan más que las hembras, en consonancia con su territorio más amplio. Tiene unos ojos relativamente grandes, situados para proporcionar visión binocular y una notable visión en la oscuridad; su olfato está muy bien desarrollado y puede detectar el olor de sus presas a grandes distancias. Puede cazar de día si hay presas disponibles. Es relativamente enérgico, puesto que pasa hasta un 50-60% de su tiempo activo.
Caza y dieta
Cazador solitario y oportunista, su dieta abarca más de 80 especies diferentes. Prefiere las presas grandes y caza ciervos, capibaras, tapires, pecaríes, perros, zorros y a veces incluso anacondas y caimanes. También se alimenta prácticamente de todas las especies pequeñas que pueda capturar, como ranas, ratones, aves, peces, perezosos, monos y tortugas. Suele utilizar la técnica de asestar un mordisco profundo en el cuello para provocar la asfixia en sus presas, otras veces muerde directamente los huesos temporales del cráneo entre las orejas de las presas con sus colmillos, perforándolos hasta alcanzar el cerebro. El mordisco en el cráneo lo utiliza con los mamíferos; con los caimanes, salta sobre la espalda de la presa y la inmoviliza partiéndoles las vértebras cervicales (varias técnicas, la del pescuezo es la general)
En las culturas prehispánicas
El jaguar ha sido objeto de culto por gran parte de las culturas indígenas de México, América Central y Sudamérica.
En el México prehispánico los guerreros jaguar (guerreros profesionales aztecas pertenecientes a las clases bajas), portaban pieles de jaguar sobre la espalda a modo de distintivo en la batalla. Para los aztecas era el animal asociado a la deidad Tezcatli-poca.
En la religión olmeca tenía un papel importante, evidenciado por numerosas representaciones de este animal en esculturas y estatuillas, en algunas de las cuales pueden contemplarse seres que son mitad hombre y mitad jaguar. En la cultura moche, del norte del Perú, era representado como un símbolo de poder en muchas de sus cerámicas. Para la civilización maya eran los intermediarios entre los vivos y los muertos, compañeros en el mundo espiritual y protectores de los palacios reales. En la costa ecuatoriana
La presencia de los felinos y en particular del jaguar en las culturas prehispánicas de la costa ecuatoriana es evidente desde el periodo Formativo Temprano en la cultura Valdivia -en las fases I y II-, la más antigua de nuestro país y prácticamente del continente americano, donde se puede observar primero en los diseños estilizados de los recipientes, luego en las caras de los cuencos y en los bancos de shamán para posteriormente ser representados en los morteros de piedra (serpentina, caliza, basalto, calcedonia) en forma de felinos.
En el Formativo Tardío, en la cultura Chorrera el jaguar es presentado claramente en recipientes de cerámica, siendo las imágenes realizadas con tal calidad que las estatuillas son bien diferenciadas de la de los perros.
Donde más lo podemos observar es en las culturas del periodo llamado Desarrollo Regional, donde el jaguar aparece representado en las esculturas. También tenemos gran cantidad de estatuillas de hombres-felinos como lo demuestran las imágenes de las culturas Tolita, Guangala. La cantidad de estatuillas antropozoomorfas con este tema es representativa. Vasos, jarras y recipientes de la cultura Jama-Coaque I y La Tolita tienen la presencia del hombre-jaguar de forma tan estilizada que el alfarero le da connotaciones mitológicas.
Hombre Felino
En La Tolita hay mascarones de oro y platino representándolo. Se realizaron trabajos en cerámica y en metal con figuras estilizadas que siempre tienen la cabeza y/o las garras del jaguar. Durante el periodo de Integración (500 D. c. 1530) en las culturas Jama Coaque II, tenemos representados al hombre con atuendos de este felino y en la cultura Manteña continuarán los trabajos en cerámica del jaguar en estatuillas, sellos, torteros y recipientes. Algunos de los recipientes tienen mascarones con la imagen de este felino.
De metal hicieron pectorales, y con la técnica del repujado representaron grandes y pequeños diseños con cabeza de jaguar. Estatuillas sólidas de cobre, representando a este felino también fueron fabricadas por los artesanos de la cultura Pache, llamada Manteña.
La presencia de este animal en la costa ecuatoriana es de suma importancia pues podemos ver que su influencia sobrepasa la mera representación artística de este animal en la cerámica, piedra u orfebrería, para adquirir connotaciones religiosas y metafísicas que podemos decir lo hacen parte de las divinidades o está asociado al culto religioso de todas maneras.