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Eduardo Solá Franco

Apocalípsis o La Danza Final, óleo que muestra su estilo mitológico en la pintura.A casi tres lustros de su muerte “el malquerido” es reconocido como una de las figuras más influyentes del siglo XX  en el arte del Ecuador. Es uno de los grandes creadores ecuatorianos del siglo pasado.
Del 15 de junio al  10 de julio del 2010 se efectuó una muestra sobre la obra de Eduardo Solá Franco. El Museo Municipal de Guayaquil fue el sitio de exposición, y los visitantes tuvieron la guía de los curadores de la obra del artista: Rodolfo Kronfle y Pilar Estrada.

Cerca de 100 cuadros constituyeron la muestra de este intelectual de las artes guayaquileñas y del Ecuador. En una exhibición abierta, que además tuvo actividades afines que ayudaron a la comprensión del asistente sobre la obra de este grande de la pintura del siglo pasado.

Pintor, escultor, novelista, cuentista, autor de diarios, autobiografías y libretos. Autor, actor, y director de teatro, director artístico, balletista, coreógrafo, creador, director y guionista de cortometrajes. Codirigió filmes comerciales en Europa, diseñó vestuarios, afiches y decorados, pero más que todo eso cultivó genialmente el espíritu, con las artes; viajero a tiempo completo, su pasión o manía fueron  la estética y lo fantasioso. Ese es el Solá Franco, un talento multifacético de la creación artística. Quien, además, en su obra, nos mostró su dilatada vida personal, sus obsesiones y su fascinación por el arte.

Comenzó como acuarelista, con el óleo plasmó principalmente los temas de las tragedias griegas y lo bíblico. Sus pinturas se cuentan por miles, principalmente en galerías privadas de todo el mundo. Nació creativo, sin horizontes para la invención o la plástica. Nada lo detuvo.

Su origen
Eduardo Solá FrancoEduardo Solá Franco nació en Guayaquil en el año 1915 y murió en Chile en 1996, a la edad de 81 años. Sus padres fueron Francisco Solá, de origen catalán y María Teresa Franco Roca, guayaquileña.

Por sus venas corría sangre artística: Su madre gran pianista; su padre, endulzaba la vida con la ópera, y su tío Francisco Franco Roca, pintor de mérito.

Aprendió de oído  a tocar el piano y eso le valió para crear música que en algún momento grabó en algunos cassetes.

El Ecuador, a pesar de ser un país pequeño, y en consecuencia con necesidad de reinventarse en muchos campos, en el arte no ha sido una excepción y por padecer de analistas confundidos y egoísmos transfundidos, tuvo una etapa de muchos años en que las preferencias por lo indigenista se consolidaron en  ícono de su quehacer cultural y artístico.

Por eso cuando Eduardo Solá Franco emergió con la fuerza de su arte, quienes tuvieron que apoyarlo más bien pecaron de severos excluyentes.

Burgués y elitista, así tildaron a Solá Franco, y su obra no tenía cabida en el ambiente cultural ecuatoriano; entonces este artista nuestro encuentra una resistencia casi espartana para posicionar su arte en su propia ciudad y en su propio país.

Es que más pesaba el origen selectivo de su familia. Sus magníficas obras y su ímpetu por emerger de entre lo mediocre y lo inocuo no superaban la tal vez  inadvertida consigna de creer que solo lo predeterminado humilde y sufrido era lo valioso en el arte y la pintura en particular. Por eso podemos decir que Solá Franco fue un marginado dentro de su propio país.

Él, en cambio, no se amilanó y tuvo más empuje que sus detractores. Sabía que su predisposición y talento eran las fuerzas mayores que lo llevarían a triunfar dentro de un mundo a su tiempo no tan competitivo, pero sí tremendamente marginador, fronteras chicas cargadas de egoísmo y plasmadas de urticaria demoledora de lo propio.

Si Eduardo Solá no hubiera tenido los arrestos que solo poseen los dueños de su destino: ese genio para perseverar y crear arte del bueno, jamás se habrían conocido sus talentos.

El crítico guayaquileño Rodolfo Kronfle ha manifestado que la historia del arte ecuatoriano se ve recargada negativamente por el mayor pecado de omisión que se haya cometido contra un artista propio, al haber menospreciado y criticado sin contemplación hasta casi acabar con el arte y la persona de Solá Franco.

Los estilos y las referencias no es que abundaban en el Ecuador sino que el ambiente se había sincretizado en lo indigenista, y lo intelectual estaba secuestrado por la izquierda. Una pared enorme se había levantado compulsivamente y todo lo que venía “de lo de arriba” no tenía valor. Casi era una blasfemia pensar que el genio creativo de Solá sería reconocido.

Para conocer a Solá
Rodolfo Kronfle y Pilar Estrada son los autores del libro y curadores de la muestraEn el 2010, Rodolfo Kronfle junto con Pilar Estrada tuvieron el acierto de montar una exposición que muestra a Eduardo Solá Franco multifacético y creativo, concitador y motivador; en exclusiva para él, y que llamaron El teatro de los afectos.

Fue una muestra tutelada por el crítico (Kronfle) y la técnica, (Estrada), pues ella fue directora del Museo Municipal de Guayaquil. Ambos en su decisión de encaminar la obra de Solá por los senderos de comprensión artística de un gran valor del arte contemporáneo ecuatoriano.

Su curaduría no ha hecho sino mostrar el reconocimiento que merece la grandeza del artista, en sus diversas facetas.

Cada jueves a las 17h00, hasta el 8 de julio, se proyectaron 10 cortos fílmicos de Eduardo Solá, que tienen 65 minutos de duración. El 24 de junio y el 1 de julio se realizaron conversatorios acerca de la obra pictórica y fílmica del artista.   

El 8 de julio tuvo lugar la presentación de un libro que aglutina las obras expuestas, así como tres ensayos críticos, 300 ilustraciones de diarios ilustrados por Solá y una biografía ilustrada.

Solá Franco el teatro de los afectos
Logo Teatro de los afectosLa obra pictórica del multifacético artista Eduardo Solá Franco (Guayaquil,1915-Santiago de Chile,1996) acusa una particular amplitud: por el abanico de géneros que cultivó, por el espectro de estilos con que experimentó, y por la cantidad de telas que produjo sin repetirse a sí mismo. Para ahondar en su trabajo esta exposición abordará tan solo su actividad como retratista -género en el cual sobresalió- y sus características escenas temáticas deopulenta proyección simbólica.

En sus cuadros más ambiciosos el artista empleó esquemas teatrales y narrativos basados en un guión que muchas veces no es posible desentrañar del todo. La complejidad en ellos está dada no solo en términos iconográficos sino por el sistema de relaciones y pulsiones emocionales entre sus figurantes. Aquella potencia anímica que alcanza significación estética se presenta también en un gran número de sus retratos. Es por ello que en conjunto estos trabajos suponen un granteatro de los afectos, metáfora sucinta que condensa los recursos mediante los cuales Solá hurgó tanto en las propiedades trascendentales del ser como en el complejo drama de la experiencia humana.

Cuestión de estilo

La obra de Solá Franco, en su conjunto, acusa una muy particular síntesis de la tradición pictórica: buena parte de sus trabajos se percibenemparentados a las corrientes simbolistas surgidas a fines del Siglo XIX, por su filiación mística, su especial interés por la religióny la exaltación de la espiritualidad, por el subjetivismo con que interpreta figuras literarias, por el encanto que ejercen en él el enigma, el misterio y lo oculto, por la evocación del mundo de los sueños y la fascinación por los caprichos de la imaginación. A esta raigambre simbolista de sus inicios, transformada pero nunca abandonada, se incorporaron de cuando en cuando elementos del surrealismo, como la conexión con el inconsciente, la canalización de estadosoníricos y la exaltación de la fantasía. Para añadir complejidad a la definición de su “estilo” el artista se afirmaba dentro de una excentricidad formal multireferencial, liberándose intencionalmente de cualquier tipo de expresión normativa: Solá estuvo atento –con una postura indagadora y reflexiva- al amplio espectro de estilos que surgieron en la primera mitad del Siglo XX, experimentando esporádicamente con variados lenguajes. En resumen su obra se caracteriza por un eclecticismo indulgente y autocomplaciente, que tomaba lo que le interesaba y no se restringía en nada.

El artista marchaba al ritmo estético de su propio tambor, importándole poco –más allá de contados y esporádicos coqueteos experimentales con el arte abstracto- la avanzada y coronación del modernismo en el panorama cultural, la pretensión vanguardista de sus practicantes o el enfoque “evolutivo” que primaba para estudiarlos.

Solá el excéntrico
Un autoretratro visto en tres dimensiones. Eduardo Solá encarna su etapa de pintor, dramaturgo y escritor.Desde sus inicios el ambiente cultural de pueblo chico en el Ecuador fue implacable con él, y en su posicionamiento no ayudaba para nada su procedencia de una familia socialmente establecida, peor aún su orientación sexual. Solá fue durante un buen trecho de su carrera un artista marginado por la escena artística local, un personaje cuya pintura tuvo escasa legitimación pese a su prolífica y original propuesta.

Solá es el gran incomprendido dentro de nuestra modernidad estética, y aunque hoy en día su músculo creativo causa admiración entre los entendidos, en el imaginario público no ha llegado a tener el protagonismo que se merece. Esta exposición constituye el primer esfuerzo verdaderamente revisionista para iluminar y difundir su producción, una de las más destacadas y complejas del panorama cultural ecuatoriano del Siglo XX.

Rodolfo Kronfle Chambers

Galería...

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